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Ben Clark: «Hay que tener clarísimo que el trabajo del poeta no es suficiente para alcanzar el objetivo de que un poema funcione”

El poeta ibicenco Ben Clark (1984) acaba de publicar con la editorial Espasa, ¿Por qué no lo hacemos en el suelo?, una suerte de tratado sobre el amor que recopila poemas de sus libros anteriores de temática amorosa, combinados con creaciones nuevas, inéditas y versículos o aforismos de carácter potencialmente viral.

El poema viral

Para quien aun no lo conozca, el poema viral dice así: “Tú lees porque piensas que te escribo. / Eso es algo entendible. / Yo escribo porque pienso que me lees, / Y eso es algo terrible”. El poema en verdad se llama El fin último de la (mala) literatura y pertenece al libro de Ben Clark La mezcla confusa, publicado en 2011. Se trata de un poema que comenzó a compartirse desde Latinoamérica al poco de publicarse el libro y que ha tenido más de un 1 millón de apariciones en la red. Se ha convertido ahora en un poema autónomo (sin titulo y sin autor), que corre libre por Internet.

El caso llamó la atención de Daniel Escandell Montiell, profesor de literatura en la Universidad de Salamanca, quien le dedicó un libro: Y eso es algo terrible. Crónica de un poema viral (Editorial Delirio, 2019). Escandell, después de sus investigaciones, ha llegado a la conclusión de que “lo más probable es que se tratara de algún estudiante haciendo un programa de doctorado en España, que tal vez compra el libro y al terminar el curso vuelve a casa, a América”. Le saca una foto al poema y la sube a las redes. Un par de meses después comienzan las reproducciones simultáneas en Argentina y Venezuela. Y, de ahí, a todo el mundo.Ben Clark: "Hay que tener clarísimo que el trabajo del poeta no es suficiente para alcanzar el objetivo de que un poema que funcione” 2

Imagen vía Editorial Espasa.

Hay que buscar una tercera vía para la poesía

Ben Clark ha ganado el Premio de poesía Hiperión (2006), el Premio Ojo Crítico de RNE de Poesía (2014), el Premio Ciutat de Palma Joan Alcover y el Premio LOEWE (2017). Así, a pesar de haber publicado también en webs, antologías colectivas y revistas, el contexto de recepción de su obra y el espacio desde el que esta se enuncia y publicita, es más o menos canónico (o puro, si se quiere). Con ello, podemos decir que la obra de Ben Clark, aunque quizá de manera impremeditada, ha surcado dos orillas: la de la viralidad anónima de internet y la del nicho estricto de los lectores “puros” de poesía. Por ello, es interesantísimo el ejercicio que propone con ¿Y por qué no lo hacemos en el suelo?, un libro con temática unitaria, que investiga el amor desde muchos puntos de vista, que crea un diálogo nuevo no solo con la propia obra de Ben Clark sino con la de sus hipotéticos futuros lectores. El poeta lo explica así: “A pesar de que dentro del libro hay tonos diferentes, poemas en prosa, aforismos; poemas más líricos y otros más narrativos, mi esfuerzo ha ido en el sentido de crear un libro que el lector no sienta como que tiene varias partes sino que realmente configura una sola lectura”.

Sobre la génesis del libro, nos cuenta Clark que este es un libro que intenta dialogar con la posibilidad de que coexistan dos diferentes corrientes poéticas: aquella que concede mucho protagonismo al medio con aquella que ve el poema necesariamente insertado en una tradición. Dicho de otra forma: que no se puede rechazar de pleno el fenómeno de la poesía de Instagram, de la misma forma que es negativa una defensa absoluta de la poesía entendida como aquello que la poesía debe ser, según los cánones de los que ya leen poesía. “Creo que debemos empezar a buscar una tercera vía que es la vía de respetar a toda esa gente que tiene una inquietud poética y que queda fascinada por cuestiones como el poema viral, porque su interés por la poesía es legítimo”, afirma Clark al tiempo que propone ir abriendo el círculo. “¿Por qué no puede dialogar el poema viral con otro texto que quizá no es un texto hermético pero tampoco tan simple en su construcción como el poema viral?”, se pregunta el poeta ibicenco.Ben Clark: "Hay que tener clarísimo que el trabajo del poeta no es suficiente para alcanzar el objetivo de que un poema que funcione”

Imagen cedida por el autor.

Todos los juegos, el juego

En esta línea de confianza con el lector, Clark rescata la idea del poeta irlandés Paul Muldoon, quien afirma que un poema es una respuesta a una pregunta que solo ese poema ha formulado. Para Clark, esta es la clave de la creación poética, porque consiste en “convocar una inquietud en el lector para que el lector encuentre algún tipo de satisfacción (no certezas absolutas), pero sí algún tipo de respuesta a esa inquietud, pero dentro del poema”. Una forma de citar a esa zozobra a que aparezca en el poema es dejando un espacio grande para que el lector pueda entrar: se trata de jugar y sugerir.

Y eso se puede conseguir a través de la ironía, “estableciendo puntos de conexión en la frontera en principio bastante definitiva que es aquella que conforman texto y lector”. Se trata de jugar con el lector, pero juntos, no como si el lector fuese una marioneta o un elemento pasivo. “Construir así entre los dos, arrancar juntos del poema a la poesía. Hay que buscar la complicidad con el lector, y no solo eso sino también su ayuda, hay que tener clarísimo que el trabajo del poeta no es suficiente para alcanzar el objetivo de que un poema funcione”, sentencia Ben Clark.

Pero, ¿qué es el amor?

Preguntado sobre la idea del amor que se representa en este libro (y en la que él cree), el poeta comenta que “quizá haya que entender el amor siempre como la mayor aventura, porque la aventura más extraordinaria que podemos tener es la idea de sentir algo por otra persona que está fuera de nosotros”. Matiza Clark que no necesariamente implica el amor de una pareja ni tampoco un amor relacionado con lo físico o lo sexual. Pero sí que, desde luego, “está relacionado con la idea bastante loca, por otra parte, desde el punto de vista de la naturaleza, de proyectar una serie de emociones o depositar nuestra propia felicidad en manos de algo que en principio no depende de nosotros”. Quizá de ahí, de esa portentosa dificultad, nazca un elemento del que no pueda desprenderse el sentimiento amoroso: el sentimiento de lo cursi. Lo confirma Clark: “Si a un libro de poemas de amor en un momento dado no se le puede llamar cursi creo que no es un libro de poemas de amor con todas las de la ley”.

Y lo secunda uno de sus versos: “Que sea cursi no lo hace menos cierto”.

*aparecido originalmente en The Objective el 30 de junio de 2020

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