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Miguel Ángel Hernández: «Los espacios donde uno duerme la siesta se vuelven hogar»

El profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, escritor y eminente tuitero, Miguel Ángel Hernández, se une a la colección de los nuevos Cuadernos Anagrama con un cuaderno de ideas sobre el cuerpo, la casa y el tiempo, que tienen a la siesta como eje central. El libro saldrá a la venta el próximo miércoles 28 de octubre.

Siesteros del mundo, uníos

Quedamos para conversar, por supuesto, después de la hora de la siesta. Es viernes y yo vengo de recoger a la peque, así que me he tenido que preparar un buen café (no pude hacer la siesta). Miguel Ángel se acaba de preparar el suyo. Es la primera entrevista que concede por este libro, así que está todavía un poco nervioso y a la expectativa. Pero tranquilo, se siente relajado y, lo más importante: feliz por conversar de este placer maravilloso que es la siesta (y que ambos -igual que mucha gente a la que le da apuro reconocerlo- compartimos). Y no es baladí mencionar esto, porque se trata de un libro gracias al cual el lector encontrará razones suficientes como para legitimar ese vicio dichoso de la siesta. En este sentido, se podría decir que El don de la siesta es un libro de autoayuda para siesteros.

Twitter, que estás en los cielos

Miguel Ángel Hernández no recuerda exactamente cuándo fue aquel primer día en el que puso la semilla de este libro: un tuit juguetón, lúdico y jaranero sobre el gozo de echarse una buena siesta. De ahí al siguiente pasó un mes, luego tres semanas, más tarde dos y hasta que llego él momento en el que comenzó a hacerlo cada día, para regocijo de la hinchada tuitera. “Los tuits tienen la gracia de que te los encuentras justo a la hora de la siesta y dialogan con la actualidad -cuenta Hernández-. Y en Twitter funcionan porque como ahí la gente está todo el tiempo acuchillándose, pues de repente funcionan como siestas de acuchillamiento”.

Esa conquista del espacio tuitero para el placer es el origen de este libro: El don de la siesta (Anagrama, 2020). La idea primera era recopilarlos en papel, pero enseguida Hernández se dio cuenta de que no tenía mucho sentido, porque esos tuits están (estaban) muy ligados al presente; son una suerte de actualidad escenificada. Sin embargo, un libro, escribe Miguel Ángel Hernández “está sujeto a una temporalidad diferente. Permite la reflexión y la pausa, La pregunta abierta. La demora para pensar”.Miguel Ángel Hernández: “Después de una siesta, además de resultar más productivo y estar más despierto, estás más feliz” 2

Imagen vía Editorial Anagrama.

El asunto le daba a Miguel Ángel Hernández precisamente para un libro “que se pudiera leer a la hora de la siesta, no demasiado denso, no demasiado superficial”, nos dice. Y, así, en él hay un poco de historia, un catálogo de tipos de siestas, pizquitas también de ciencia que justifique el siesteo, la relación de las siesta con el arte y, finalmente, un dietario.

Nos cuenta Miguel Ángel Hernández que, “en realidad el libro es como un descubrimiento constante según lo iba escribiendo”. Y añade: “Es el libro más extraño que he escrito. Para mí es un divertimento, pero al mismo tiempo se trata de un libro que sintetiza muchas de las cosas que he ido haciendo, pero cada cosa por separado (la memoria, el diario, el ensayo, la escritura narrativa), pero aquí está todo junto”. De ahí que, más allá de la comprensible liviandad del tema tratado, sea un libro importante para su autor, porque está muy cargado afectivamente. 

Según avanzaba en la escritura del libro, Miguel Ángel Hernández fue volviéndose consciente de que iba hablando cada vez más de sí mismo, y ello le iba marcando una transición literaria que provenía de sus propias experiencias vitales. Así, el libro le ha servido, además, para entender que “necesitaba cerrar una etapa literaria, o una serie de reflexiones que todavía reverberaban de El dolor de los demás. Necesitaba cerrar la posibilidad de volver a escribir de mí y de mi pasado para poder escribir una novela de ficción absoluta u otras cosas completamente diferentes.”

A este respecto, nos cuenta Hernández que durante la escritura del libro le fue muy útil Otra vida por vivir, de Theodor Kallifatides, en el sentido de ayudar a reposicionarse frente a su propia historia personal. De otro lado, El don de la siesta no se entiende sin el seminal Elogio de la pereza. Notas para una estética del cansancio de Fernando Castro Flórez (Imaginarium, 1992). También acusa una influencia del trabajo de Eloy Fernández Homo Sampler y finalmente, dialoga perfectamente con Lo viral (Galaxia Gutemberg, 2020), de Jorge Carrión, en el sentido de que es igualmente una reflexión sobre el tiempo y la temporalidad, pero también en el hecho de que en ambos libros la teoría no se plantea al modo ensayístico de un texto académico, sino que se va haciendo como a la carrera.Miguel Ángel Hernández: “Después de una siesta, además de resultar más productivo y estar más despierto, estás más feliz”

«Necesitamos espacios ensombrecidos, capaces de resguardar al sujeto». | Foto: E. Martínez Bueso | Cedida por el autor.

El placer del cuerpo

Pero no nos engañemos, El don de la siesta es una reivindicación del placer del cuerpo. Aboga por la defensa deuna práctica aparentemente innecesaria (pero que sí lo es para el cuerpo)”. Esa sensación de no producir nada, de no generar nada. Y que se hace no para ser más productivo luego (como defienden algunos gurús norteamericanos) sino “porque me da mucho gustico”, como dice el propio autor.

Porque la siesta es un entrar en un espacio muy propio: “Una apropiación de los placeres del cuerpo”, afirma Miguel Ángel Hernández, quien defiende la siesta en la cama, y con pijama (aunque sean de media hora). El sueño placentero (y elegido) como frontera última del capitalismo. La siesta como interrupción. La siesta como una lucha contra el tiempo, como un modo de ganar tiempo propio. Una forma de insertar una elipsis en la lógica productiva de cada día. El sueño reparador a destiempo: “una siesta prohibida, perezosa, insensata, hedonista”, escribe el autor.

El dormir fuera de las horas de la noche sigue la lógica de la recarga, el cuerpo nos lo pide, solo que nosotros lo desoímos, forzados por esa idea de estar siempre presentes. Pero no, nos dice Miguel Ángel Hernández, se trata de ganar tiempo privado, íntimo. Una forma de conquistar la solitud, contra la tiranía de la sobreexposición. Porque, más que nunca, escribe, “necesitamos espacios ensombrecidos, capaces de resguardar al sujeto, promover ese encuentro íntimo y hacer surgir el pensamiento libre”. La siesta como camino de regreso al cuerpo, de afirmación del yo.

Resignificar los espacios

La siesta está muy vinculada a los espacios. Es una forma de tomar posesión de ellos. “Los espacios donde uno duerme la siesta, se vuelven hogar”, nos dice Hernández. Y recuerda cómo al mudarse a su actual casa, en la que ahora hace poco más de un año que viven, la colonizó con una siesta. “A media mudanza, paramos. Y mi mujer  (que también es siestera) y yo, nos echamos la siesta y nos dijimos ‘ya está, esta casa ahora sí que es nuestra, ya hemos echado la siesta’”. La siesta vista como performance, como acción significativa y consciente que evidencia nuestra determinación.

Por resumir, y como dice el filósofo francés Thierry Paquot en El arte de la siesta, “la siesta es emancipadora”. A lo que Miguel Ángel Hernández añade que, además, “tendría que ser un derecho, como en la constitución china”.

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