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La escritura a la intemperie

El concepto de “escrituras a la intemperie” fue presentado inicialmente en una conferencia que el escritor y crítico español Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) impartiese en 2015 en el festival literario La Valiente, en Ciudad de Guatemala. Sin embargo, este pensar en directo sobre las nuevas formas de la escritura y de la recepción de la literatura las lleva barruntando desde hace más de tres lustros, tanto en sus ensayos previos en formato libro (Pangea, de 2006, y El lectoespectador, de 2012), como en su blog, Diario de lecturas, y en revistas digitales y en papel.

Con el concepto de “escrituras a la intemperie”, Mora refiere un conjunto de prácticas abiertas, algunas de ellas existentes antes de Internet, que cuestionan modelos tradicionales, tanto de escritura como de presencia en el campo literario. Su objetivo en este libro es elaborar una fenomenografía (concepto traído de La experiencia literaria, de Alfonso Reyes), o sea: “las formas genéricas y modos en que aparecen los textos”. Para tal fin, Mora se sitúa (a diferencia de otros libros anteriores suyos, y que suscitaron no pocos comentarios de censura) en un punto medio entre la tecnofilia y la tecnofobia. Esto es, mira con entusiasmo y optimismo, pero siempre manteniendo un juicioso alejamiento crítico. Por decirlo en otros términos, se sitúa más en el terreno de las hipótesis que en el de las certezas. Su intención es pergeñar un mapa de los lugares habituales de aparición de las escrituras a la intemperie, “rastreando algunas de sus claves y preguntándose los porqués de esta búsqueda de distancia y diferencia frente al modelo literario convencional”.

En este modelo intemperial, la escritura es un fenómeno normal y en absoluto épico, sus fines no son la excelsitud, la perduración o la posteridad. Es un fenómeno cuyo efecto es desubicar de sus entornos habituales (el papel y el libro) la práctica escritora para llevarla a todas partes. En él, el logocentrismo derridiano sigue existiendo, pero comparte espacio con otro tipo de logos conformado por la textovisualidad desbordante. Deja atrás la idea del escritor que se entrega a la literatura como a un sacerdocio. Ahora prima el eros frente al pathos, la ligereza frente a la duración, la producción masiva frente a la solidez discriminada. Se vive la escritura como una celebración, no como una condena. Se trata de “escribir por escribir, sin columbrar posibles lectores; escribir sin motivo, sin pausa, sin fin”.

De entre todas las prácticas a la intemperie, Mora diferencia dos tipos: unas valiosas (la auténtica literatura al raso) y otras menos artísticas (las así llamadas posliterarias, cuya función es más comunicativa que artística). En este ensayo, Mora se centra en las posibilidades del primer tipo, exhibiendo un mínimo catálogo subjetivo de algunas de sus manifestaciones más destacadas (en blogs, revistas y redes sociales), sin entrar en el proceloso terreno de las segundas. Es un terreno en el que decide no zambullirse por el momento, admitiendo que “decidir qué sea y qué no literatura es una cuestión de difícil solución”.

A este respecto, no descuida las posibilidades de la crítica a la intemperie (que él mismo viene practicando en su blog). Para Mora, se necesita un concepto de crítica literaria más ancho y con nuevos instrumentos metodológicos para analizar estas nuevas creaciones expresivas, que son notablemente intertextuales, híbridas y más científicas que nunca, sumidas en diversas epistemes. El problema actual es la ausencia total de modelos, nos dice.

Pero esto no ha de limitarnos, sino más bien servirnos de acicate, ya que Internet y los blogs, así como las revistas digitales y las redes sociales, nos dice Mora, son “uno de los lugares más propicios para la libertad de opinión y pensamiento”. A lo que añade: “Aprovechémoslo mientras dure”. Sea.

*Publicado originalmente en Otra Parte, el 16 de septiembre de 2021.

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