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Toda la vida es un malentendido sin objeto.Una conversación con el periodista y poeta Alfonso Armada, por José de Montfort

Un escritor, periodista y comunicador se cita con un periodista, poeta y gestor cultural. La excusa es hablar del libro más reciente del segundo. Pero pronto surgen más temas, más alusiones. Más de todo. Como es lógico. El primero lo registra todo y luego nos lo cuenta, porque las cosas hay que contarlas. Se dice en La Celestina que «placer no compartido no es placer», y en buena medida en esa difusión de lo privado reside la atracción de la crónica. Aquí les dejamos el registro de un encuentro para disfrute de nuestros inquietos lectores.

Es 16 de octubre de 2021, un sábado.

Estamos en Barcelona, en la Gran Vía de les Corts Catalanes.

La policía ha cortado la avenida. Parece que hay una manifestación. En esta ciudad, últimamente, siempre hay (o parece que haya) una manifestación.

A las 18:00 h se presentan en la librería Altair los dos últimos libros poéticos de Alfonso Armada, Cuánto pesa una cabeza humana (Vaso Roto, 2021) y El mecanismo de las mareas (Juan Caballos, 2021), de los cuales habrá de destacar -en un rato- Plàcid Garcia-Planas su apasionada emoción, el poeta Jordi Valls el hecho de que haya recuperado Armada el hermetismo de Celan de las garras de los próceres de la academia y la periodista Marta López su voluntad periodística, de crónica ejemplar de una realidad rara.

Pero ahora, de momento, aun falta media hora para eso y, bajo el arrullo monótono de los motores de los coches de la ciudad, converso con Alfonso Armada sobre su libro Cuánto pesa una cabeza humana, que será el que centre esta conversación. Sobre el mismo ha dejado dicho Juan Cruz que es “un poema infinito, dolido, doloroso”. Pero es mucho más. Un diario torrencial, un libro sobre las máscaras, un homenaje a los traductores y a los libros y un acto de fe en la palabra.

Cuánto pesa una cabeza humana es un libro pandémico que surge de la frustración, “de estar viendo lo que ocurría y no estar contándolo como periodista, como reportero”, nos dice el periodista vigués. Y es que en ese momento en el que comenzó a escribirlo, justo al comienzo de la cuarentena (el poemario da cuenta de los cincuenta días de la misma, con una entrada por día, al estilo del diario), Armada no trabajaba en ningún medio de comunicación, pero sentía la necesidad de contarlo. Al amparo le vinieron las Obras Completas de Celan, un libro recuperado de una lectura previa, al que se le unieron muchos otros libros (Basho, Louise Glück o Anne Carson, entre ellos). La cosa comenzó así: “Cada día leía dos o tres poemas de Celan en alemán y en castellano. Yo no sabía alemán, aunque estudié alemán para estudiar a Kafka. Así que lo leía en plan fonético, una cosa muy marciana, y luego lo leía en castellano. Y me gustaba cómo sonaba”, me cuenta Alfonso Armada.

Así que la excentricidad se convirtió en rutina y amuleto; una forma de provocar la reflexión y la escritura propias. Después de leer a Celan, Armada escribía su propia vivencia diaria de la soledad pandémica en forma de poema. Y en ese diálogo con los libros, con diferentes poetas, encontró, a su vez, una manera de interpelar al mundo y de departir consigo mismo, de encontrar sentido en lo extraño inmediato de cada día igual.

Me cuenta Armada que algunos de los libros con los que dialogaba, y que eran libros ya empezados, como el Cuaderno Gris de Josep Pla, le provocaron sensaciones extrañas, de una coincidencia misteriosa. Y se dio cuenta de los fractales. De las insólitas sincronías como la de abrir al azar el libro de Pla, abandonado largo tiempo atrás a la deriva, y encontrar que estaba hablando justo en esa entrada de la Gripe Española.

Y es que, también aquí, encontrará el lector “una importante apelación a los libros como compañeros de viaje”, un agradecimiento a los muchos otros poetas, escritores y periodistas que conformaron la educación lectora de Armada. La gente que no ha descubierto la lectura se pierde una gran parte de la experiencia humana, opina el autor, quien nos confiesa que “me da mucha pena que muchas generaciones contemporáneas no hayan tenido ese enamoramiento de los libros”.

Una crónica poética con voluntad de experimento

No solo en este libro, sino en el resto de su obra, se cuestiona Alfonso Armada siempre sobre los límites de los géneros y su potencialidad para mezclarse, dejarse permear por lo ajeno que reinstaura lo genuino; así con Cuánto pesa una cabeza humana: “un intento de utilizar la poesía para contar lo que ha ocurrido”. En opinión de Armada, la prosa poética ha caído en ser algo reiterativo, previsible y cargado de rabia. Por ello es que en un determinado momento se viera obligado a preguntarse si no había forma de contar la cuarentena de otra manera. De ahí surge esta crónica en forma de poema, del hecho de buscar una forma distinta para contar la pandemia, menos urgente y más esencial, más intensa y menos pirotécnica.

Ello le ha permitido al escritor y periodista darse cuenta de que este libro iba a ser “una rebelión contra el fatalismo y contra esa idea de que no se puede hacer nada, porque esto es inexplicable, inabordable”. A la pesadumbre política y al desencanto de la política como herramienta para cambiar el mundo, Armada opone la busca de sentido, “el querer recuperar la capacidad de la razón para explicarnos”. Un intento por no caer en lo sobrenatural ni lo mágico, queriendo recuperar las palabras para poder entender(nos). Porque, nos dice, “creo que hay un campo muy peligroso para la emoción y la sinrazón y hay movimientos políticos por todos lados donde están operando sobre todo las emociones; creo que es una de las peores derivas del romanticismo”. Y ello por la razón de que, aunque el sentimiento parece que, per se, tenga un valor, esto no es así, la pátina de bondad que supuestamente lo aureola es falsa. “Con la emoción puedes cometer atrocidades; la Historia nos ha dado muchas pruebas de ello”, sentencia.

 Esto no es una guerra

“Me pareció una falta de imaginación el tratar de hablar de la pandemia utilizando terminología caduca. Es un problema que tenemos los periodistas y la prensa en general, que usamos fórmulas muy trilladas”, afirma Alfonso Armada. Y se acuerda de eso que denuncia Julio Villanueva Chang: la prosa de madera, que al final pierde significado. Así, “recurrir a las metáforas bélicas me pareció una solución explicable, pero pobre, porque luego lo comparas con una guerra de verdad… y eso es, francamente, olvidar la historia”. “Creo que ha faltado imaginación para gestionar la pandemia -añade Armada- y ha quedado claro que nuestros gestores son manifiestamente mejorables”.  Asumir esa especie de mantra de que esto era inevitable y que se ha hecho lo mejor posible… pues no, opina el poeta. En su opinión se podría (y se debería haber hecho) mucho mejor.

Por ello, en Cuánto pesa una cabeza humana hay una voluntad de interpelar, de “hacernos preguntas que no nos gusta hacernos; es una apelación a todos, al tipo de vida que llevamos, el tipo de sociedad que hemos construido”. Como, según el autor, “estamos imbuidos por esa sensación de que no hay grandes argumentos políticos, económicos, sociales… entonces viene la poesía y nos sirve al propósito de darle sentido a la realidad, de hacernos unas preguntas que, en verdad, nos remueven y nos conmueve. Es ése un poco el papel del periodismo y la poesía”. Justo lo que encontrarán en este magnífico libro.

*Publicado originalmente el 02 de noviembre de 2021 en la revista Penúltima.

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