Superposición del sitio

Balmoral. Loquillo, por un instante, la eternidad.

Una historia de supervivencia (emocional y artística)

Hay dos vectores importantes que marcan el definitivo interés que tiene este libro y su trascendencia: la estructura secuencial, que sirve para contextualizar el disco y su relevancia y la cantidad y profusión de declaraciones recogidas de primera mano de los principales implicados en el mismo. No es menos cierto, sin embargo, que ambas cuestiones, al estar relacionadas, esto es, dado el hecho de que los autores del disco saben de la importancia del mismo y, dado que las declaraciones se recogieron este mismo año (doce años después de la publicación del álbum), debemos ser indulgentes con ese cierto sesgo de la memoria del recuerdo; incluso es esperable. Esto es: recuerdos condicionados a la historia (victoriosa) de un proyecto que (ahora ya) se sabe exitoso.

Pero es lo que siempre pasa y no deberíamos alarmarnos más sobre el asunto. Hecha esta puntualización, vayamos con el libro.

Qué duda cabe que ya Loquillo es leyenda viva del panorama rockero patrio. Pero esto podía haberse quedado en nostalgia, y no. Es precisamente lo que reivindica este libro, la posibilidad real de un artista de rock de convertirse en un artista adulto, que pone en valor una carrera de aquel que ha sido capaz de progresar y moverse hacia el futuro, manteniendo la integridad unida a una visión nueva, acorde a los tiempos y a la edad del intérprete. El Loco pudo haberse quedado en un artista reincidente del rock, aferrándose al pasado y siguiendo el retrato robot de un “rockero de manual”, pero quería más. Porque (y esto es lo que aprendió Loquillo) se puede ser mucho más salvaje sin tener que gritar tanto. La brutalidad, en ocasiones, adquiere los tintes más suaves, más elegantes. Menos obvios. El estereotipo es fútil, inane: hueco.

Loquillo cultiva en “Balmoral” (2008) las mezclas aparentemente antagónicas de las que siempre fue garante. El tipo de la buena planta y el mucho carisma se dedica a modular mejor su voz, a contenerse más. Pero a ser más efectivo y punzante. Pellizca y aprieta y emociona más, porque ha aprendido que el puñetazo no es el camino más directo al corazón; contra una industria que pretendía domesticarlo, se erige orgulloso y decidido, creyente en sí mismo. Loquillo lo resume así, rescatando la arrogancia que le sirvió para hacer frente a las adversidades desde los noventa: “Yo contra el mundo. Era mucho pundonor, mucha actitud, mucho saber que estaba frente a todos y contra todos”. Pura supervivencia (emocional y artística).

Hagamos un poco de historia

Loquillo venía de la repercusión popular de “Feo fuerte y formal” (2001), un punto de inflexión, después de la travesía del desierto de los noventa, con los Troglos. Un disco que había traído un buen hit y que los volvió a situar en el circuito de las giras importantes. En este momento, y como cuenta Javier Escorzo, Loquillo “estaba luchando por recuperar su sitio en el rock español”. Había triunfado en los ochenta y quería recuperar de nuevo ese éxito. Se puede decir que el punto de giro o el germen para todo lo que habría de pasar y que habría de cristalizar en “Balmoral” sucedió el 15 de junio de 2003, en el concierto que Johnny Hallyday dio en París para celebrar su sesenta cumpleaños. Allí estaban Loquillo e Igor Pascual. Recuerda Igor: “Ese concierto fue esencial. Nos dio la guía, ahí vimos que se podía hacer lo que pretendíamos […] Le dimos muchas vueltas a ese concierto”.

Ese mismo año (2004) se publica “Mujeres en pie de guerra”, banda sonora documental del mismo nombre, de Susana Koska. En 2006 se publica “Hermanos de sangre”, un concierto en directo en Bilbao. El disco recogía dos conciertos: uno con diez mil personas en el BEC de Bilbao y un segundo concierto, acústico, en la sala La Rulot de Barcelona. Después de esto, ya “Balmoral” fue la confirmación. Pero antes falta(ba) aun la minigira con The Rolling Stones. Dice sobre esto Loquillo: “Fue un momento de encuentro brutal entre la experiencia y la energía juvenil”. Jaime Stinus entró a formar parte como guitarrista en la banda. Y ahí el Loco tomó una decisión: no deshacer los Troglos, sino irse él. El 28 de junio de 2007, en los camerinos del Vicente Calderón, Loquillo deja a los Trogloditas. En sus propias palabras: “Volví a recuperar el amor propio, que era algo que tenía bastante perdido, y tomé las riendas”.

El cronista de un mundo que desaparece

“Balmoral” tardó mucho en hacerse y concebirse. Loquillo trabaja mucho con conceptos, mantiene muchas reuniones previas y se manejan muchas referencias para dar con cada una de las canciones. La clave es el hecho cinematográfico. Dice el Loco: “Yo siempre pienso en una película cuando escribo […] Me gusta transmitir referencias”. Así, el proceso duró en total casi dos años y medio. El punto de partida era la creación de un personaje dandy, “canalla, elegante, pendenciero, chulo, pero a la vez aquel tipo en el que puedes confiar”, confirma el cantante barcelonés. Quería que fuese una declaración de principios. Pero para darle un contenido consecuente y cerrado al disco, esto es, para que el álbum comenzase a coger forma, fue importante el hallazgo de un símbolo fuerte que sirviese de contexto y ayudase a la construcción de un cierto ambiente emocional. Loquillo lo encontró en el cierre en 2006 del mítico bar Balmoral, en su espíritu elegante y fin de siècle. Con su vitola de mundo que desaparece. Loquillo lo había frecuentado tímidamente en los ochenta, para hacerse cliente asiduo una década después.

Balmoral era un bar del barrio de Salamanca de Madrid, en la calle Hermosilla, a pocos metros de Serrano. Dice de él Loquillo: “Era el sitio más rancio del mundo, pero tenía una magia especial por la gente que se juntaba allí”. Era un bar/coctelería donde no se ponía música; solo se hablaba. Un espacio íntimo.

En el disco, Loquillo quería unir de una vez por todas el rock con las otras vertientes que, hasta entonces, había trabajado de manera independiente. Buscaba, además, influencias adultas (Kris Kristofferson, Brian Ferry, Iggy Pop). Quería una voz más de crooner, quería adoptar la voz suave del chansonier. Así lo cuenta Escorzo: “[Loquillo] tenía la intención de que su propio nombre artístico se convirtiese en un término que no solo se designase a él, sino que englobase a todo el proyecto, a un conjunto de personas que trabajaban juntos en pos de una idea común”. De ahí la importancia de este libro, pues nos permite ver la forma de trabajo del Loco, cómo parte de una idea, la va desarrollando a base de conceptos visuales y de referencias múltiples y luego se lo entrega a sus compositores (Igor Pascual, Gabriel Sopeña, Jaime Stinus, Carlos Segarra, Sabino Méndez) para que le den forma sonora. “Balmoral” hace bueno el dicho de que muchas cabezas juntas con un objetivo común piensan mejor que una sola.

“Balmoral” fue un disco de muchos descartes. Un disco de productor, muy de estudio. Conceptual. Jaime Stinus hizo un trabajo por capas. El proceso de grabación fue analógico, pero acababa en un disco duro. Fue muy importante, además, para Loquillo, en este disco, tener de su lado a la industria. Y aquí fue fundamental la complicidad de David Bonilla, el hombre en DRO. Gracias a ello, Loquillo volvía a tener a su disposición una discográfica potente, con toda la fuerza de su maquinaria y sus diversos engranajes, “algo imprescindible cuando un artista quiere conquistar la cima”, escribe Escorzo.

El disco

“Balmoral”, la canción que abre el disco, es una composición de Sabino Méndez. Cabe destacar que es la primera vez que el Loco interpretaba una composición nueva de Sabino desde 1988, año en el que se publicó “Morir en primavera”. El tema está trazado en base a recuerdos borrosos de los ochenta. Luego le sigue “Memoria de jóvenes airados”, un himno compuesto por Loquillo, Susana Koska e Igor Pascual, una referencia al free cinema. Como curiosidad se puede decir que esta canción iba a dar título al disco.

Continúa con “Línea clara”, un homenaje a la línea clara del cómic, ese estilo que “se caracterizaba por su claridad, tanto en su dibujo como en su guion”; idea que serviría de motto para todo el disco, pues, como reconoce Gabriel Sopeña, es la idea que tanto él como Loquillo más repetían para definir el concepto del disco en el que estaban trabajando. En palabras de Luis Alberto de Cuenca, “la línea clara es un tipo de dibujo con un trazo muy firme, con contornos muy bien definidos, con colores planos, sin matices, nada de expresionismos, todo muy pop”.

El disco sigue con “Sol”, la segunda composición de Sabino para este disco. Era una canción que ya tenía algunos años y quizá sea eso lo que provoque que sea la canción más sorpresiva del disco, pero también la más desconcertante, por sus ciertos elementos de música de baile

“Hotel Palafox” se trabajó sobre un exquisito vals de Igor Pascual. Hace referencia al hotel de Zaragoza donde solía alojarse Loquillo y donde vivió noches memorables. En “Vintage” Loquillo volvía a ejercer de crooner. Y se aborda aquí uno de los temas fundamentales del disco: “el de todo aquel mundo que desaparecía ante sus ojos”. “Cruzando el paraíso” era el segundo himno del disco. Una canción de tipo adulto, inspirada en Sam Shepard. Una canción con voluntad de eslogan. Johnny Hallyday participa en la canción y, como confiesa David Bonilla, de DRO, fue complicadísimo convencerle. A mediados de febrero de 2008, Jaime, el Loco y Dani el Rojo viajaron a París a grabar junto a la estrella francesa, en el Omega Studio. Como confiesa Loquillo, “aquello fue un sueño”. La canción fue el primer single del disco. Después de esta canción llega “La vida es de los que arriesgan”, una composición de Gabriel Sopeña y el letrista Juan Mari Montes, uno de los más reputados del panorama nacional.

“La belle dame sans merci” se inspira en el poema original de Alain Chartier, de 1424, por vía de la balada de Keats del mismo título (y de 1819). En el poema de Keats, un caballero andante, tras caer rendido a ante los encantos de una misteriosa dama, vagaba por los caminos fatigado y demacrado. La canción tenía un marcado acento folk. El texto de la canción fue presentado a varios de los compositores de Loquillo y éste finalmente escogió la versión musicada que más le gustó, la de Igor Pascual, que Jaime Stinus decoró con aires irlandeses.

“Soy una cámara” estaba inspirada en la película de título homónimo dirigida por Henry Cirnelius, en 1955. Loquillo le pasó el texto a Carlos Segarra y este le dio un toque swing. Se trata de una canción alegre, vivaz. La siguiente del disco es “Canción del valor”, que ya había sido incluida en su anterior álbum, “Hermanos de sangre”. Y ése mismo es el título del siguiente tema, de carácter épico. Canción que le sirve a Loquillo para exponer “parte de su filosofía de vida”, desplegando una serie de valores, “de un tiempo a esta parte caídos en desuso, pero absolutamente vigentes para él: la amistad, el honor. La lealtad”. En las últimas estrofas de la canción el Loco forzaba su voz como en ningún otro momento del disco.

Finalmente, el disco se cierra con “Balmoral 2”, con letra de Luis Alberto de Cuenca y música de Jaime Urrutia. Ambos reputados creadores, habituales del Balmoral y grandes amigos del Loco. Al tema, Stinus le dio una sensación como de horizonte lejano, poniéndole trémolo. Como si fuesen frases que se quedan colgadas. Según ha confesado el propio Stinus: “Tenía mucho que ver con el momento que estaba viviendo el Loco, el principio y el final de algo. Era el final de los Troglos y el principio de una nueva etapa”.

En este disco cambia la forma de cantar del Loco. “A veces susurraba, a veces buscaba los tonos más graves, a veces recitaba y a veces, por supuesto, sabia mostrarse enérgica y decidida [su voz], pero siempre manteniéndose dentro de unos elevados parámetros de elegancia”, escribe Escorzo, quien calcula que para este disco se manejaron unas cuarenta o cincuenta canciones. Entre las canciones que quedaron fuera, están también las que no pudieron ser: una letra muy especial que le dio para el disco Jorge Berlanga a Loquillo poco antes de morir, y que permanece aun sin música.

Ediciones, videoclips y documentales de y sobre Balmoral

“Balmoral” vio la luz el 08 de abril de 2008. El entusiasmo frente al disco fue unánime. Pronto se comenzó a notar una renovación absoluta del público. Incluso fue nominado al Grammy Latino en la categoría de mejor álbum de rock vocal. Según Jaime Stinus, “Balmoral” es, junto a A por ellos, uno de los discos clásicos en la carrera del Loco. Un disco de madurez. Un álbum casi crepuscular.

Se hicieron cuatro videoclips (“Cruzando el paraíso”, “Sol”, “Memoria de jóvenes airados” y “Línea clara”). Se publicaron dos ediciones distintas de “Balmoral”. La normal y una especial, en edición limitada, que traía un segundo CD con otras tres canciones (“El creyente”, “Tatuados” y Cruzando el paraíso”, pero cantada solo por Loquillo). Para acompañar la gira americana, en Argentina y en Perú se editó otra edición especial. En esta, el dueto de “Cruzando el paraíso”, Loquillo lo compartió con Andrés Calamaro. Posteriormente, el 17 de marzo de 2009, se publicó una tercera edición, también limitada, que incluía el disco con las trece canciones, pero con la versión de “Cruzando el paraíso” a dúo con Calamaro y dos bonus tracks (“Cruzando el paraíso”, con Johnny Hallyday y una de las remezclas de “Sol”). También incluía un DVD con el concierto que Loquillo y su banda ofrecieron en “Los directos de Radio 3”, un par de documentales (“Un antes y un después”, sobre la grabación del disco y dirigido por Mario Viñuela, y “Los últimos días de Balmoral”, dirigido por Susana Koska), más los cuatro clips. Finalmente, el 9 de septiembre de 2014, se publicó el álbum en formato de doble vinilo.

Al poco tiempo de comenzada la gira (gestionada por la empresa Get In), Loquillo creó su propia agencia de management, Big Star. Y como dice quien fuese su bajista en aquel momento, Laura Gómez Palma, “con ese disco empezaba su carrera en solitario”. El resto ya es historia.

*Publicado originalmente en Mondo Sonoro el 22 de diciembre de 2020.